Ir al Sadar: cómo las rojillas lucimos el orgullo navarro sin renunciar al estilo
Desde la camiseta icónica hasta los detalles que gritan osasunismo. Te contamos cómo ir al estadio y sentirte como la rojilla que eres.
17 de junio de 2026

¿Camiseta nuevecilla o la del abuelo que guarda historias?
Esta es la pregunta que todas nos hacemos antes de ir a El Sadar. Las rojillas tenemos nuestra propia manera de entender la moda de estadio, y no, no es la que venden en las tiendas de souvenirs. Es algo más orgánico, más ours. Pueden ser pantalones vaqueros azul marino ajustados con una camiseta txuri-gorri de esas que ya tienen años, o pueden ser lo nuevo que acaba de salir en la tienda oficial. Lo importante es que se note que es de verdad.
Vamos, el clásico eterno: ¿blanca o roja? La mayoría de nosotras tenemos ambas, porque depende del mood. Si vas con ganas de activar la energía ofensiva, la roja. Si prefieres llevar ese orgullo blanco, más sereno pero igual de potente, la blanca. Pero aquí viene lo importante: sea cual sea, tiene que verse usada, no de escaparate. Ese roce, ese pequeño desgarre en una manga que arreglaste tú misma con un nudo... eso es historia.
Los detalles que nos hacen rojillas
No es solo la camiseta. Es cómo la combinas. Un pañuelo rojo en el pelo, recogido en una cola, gritando osasunismo sin decir nada. Unos pendientes pequeñitos con los colores del txuri-gorri. Una bufanda que ha viajado contigo a media España y tiene ese olor a cervecería, a grito de gol, a conversación intensa. Eso es lo que nos importa.
Los zapatos: cómodos, que sepas que vas a estar de pie, posiblemente saltando. Una zapatilla blanca deportiva funciona, unos botines negros también. Lo que no queremos es estar pensando en los pies cuando Chimy tiene una ocasión de oro en el 87'.
La chaqueta es un personaje más
Si llueve, la cazadora roja o negra. Si es otoño, algo que pueda quitarte durante el partido porque tu cuerpo va a estar a mil por hora. Si es invierno, el abrigo que sabes que aguanta todo: frío, lluvia, los golpes emocionales que regala el fútbol. Nada de abrigos de princesa. Aquí venimos a sufrir, a disfrutar, a vivirlo.
Accesorios: la firma personal
Una mochila pequeña o un bolso que aguante (porque los abonos, las gafas de sol, el móvil para los videos del gol). Una pulsera con los colores. Unos calcetines rojos debajo del pantalón (los que ves tú, los que sabes que están ahí). Las uñas pintadas: rojo, blanco, a cuadros... hay rojillas que se atreven con diseños y quedan brutal.
¿Y si vamos en grupo?
Ahí es donde mola: coordinar sin parecer un grupo de excursión. Una chica con la camiseta de Rubén García, otra con la de la temporada anterior, otra que lleva rojo en pantalón y blanco en camiseta. Es caótico, es auténtico, es nosotras.
El toque final: la actitud
Porque al final, lo que te hace ver rojilla no es solo la ropa. Es la manera de caminar hacia El Sadar, es la canción que vas tarareando, es ese orgullo navarro que no necesita publicidad. Es saber que dentro de esas gradas hay miles como tú, sintiendo lo mismo, llevando los colores de la manera más natural posible.
Ir al Sadar no es ponerse un uniforme. Es ponerte a ti misma, pero en rojo y blanco.
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